Omellette d'amuor

Hay que desconocer mucho a la juventud española para pensar que sólo se reúnen y se mueven por el botellón. Hay que desconocer la carestía de alternativas culturales y una situación social de arrinconamiento. Hay que desconocer que es muy diferente pensar a actuar y, sobre todo, hay que ser demagogo y de verborrea incontrolada. Nuestra juventud no es comparable a la de Francia, lo mismo que no lo es a la de Zambia. Cada contexto social marca unas pautas diferenciales que lo hacen diferente. Sería tan absurdo como comparar el cómic francés con el español.
Este mes quiero hablaros de dos buenas obras del país de los campos Elíseos. Empezaré por “La mala gente” de Étienne Davodeau. Una obra de carácter social donde podemos ver cómo se rompe el mundo de los sueños con la entrada en la realidad de los jóvenes de posguerra. Una estupenda colección de personajes que fracasan en su vida cuando se ven absorbidos por un mundo rural de pobreza donde las tradiciones mantienen un ritmo de vida tan triste y ácido como las páginas de esta historia. Niños que tienen que trabajar para que sus hermanos puedan estudiar, habitaciones donde tienen que vivir muchas personas y desigualdades sociales. Un buen retrato en blanco y negro de una pecera con poco agua.
Totalmente diferente pero de la misma editorial, Ponent Mon, tenemos en nuestras librerías especializadas “Salvatore” de Nicolas de Crécy. Quizá podemos decir que es una fusión entre la humanización animal de “Maus” y la inocencia de “Historia de Po”. Una fantástica recreación del mundo de unos animales que se mezclan en una realidad donde los sentimientos y el surrealismo intentan hacernos sonreír en cada página. Una cerda miope, un perro arisco, una vaquilla desagradable... todo lo necesario para enfrascarnos en una trama absurda en busca de unas piezas de motor que, cuanto menos, nos sorprenderá.


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